Una musa intimidante, perfecta, me presiona,
hambrienta de coloridas y empalagosas zalamerías,
como un niño a los dulces, como los gusanos a la carroña.
Se presenta cuando tu distancia y mi reloj cohesionan,
musa sublime, con alas de mariposa y ojos de rubí,
compuesta su belleza por añoranza e ilusión, esperanza, maldición.
De ángeles y demonios nació, completa, inmaculada,
musa que vive conmigo seis días y muere los Jueves.
Hoy nunca es Jueves, y tampoco suele serlo mañana,
pero encabezaría cualquier espera que en vos culmine,
podría fumar el resto de mi vida la última carta que me escribas,
porque sos lo inconmensurable del deseo adecuado,
y el infinito velo de esta noche.