Quizá mi última luna, la primera en cuarto menguante;
ella deshace las nubes de mi cielo quejumbroso,
repele al horizonte en mis pupilas estrelladas;
y culmina, brillante, culmina y culmina eternamente
dentro de una noche que vive tras mis párpados cerrados,
que vive observando, contemplando,
adorando la dulce oscuridad del reflejo fulguroso
de esa luna en mi mar abierto,
en mi más profunda y más alta mar.